Preparar el MIR fue uno de los retos más exigentes de mi vida académica. Durante meses probé distintos métodos hasta que encontré una forma de estudio que realmente me obligaba a rendir bajo presión. Empecé a trabajar con simulacros completos, análisis de errores y planificación semanal estructurada. Ese enfoque me ayudó a entender que no basta con saber medicina: hay que aprender a resolver el examen con estrategia, velocidad y claridad mental.